Aunque esté ardiendo por dentro, aunque me esté consumiendo, no debes saber nada de ésto.

Aunque me debata entre irme al cielo o al infierno, en sacarme el corazón del pecho, en estrujar hasta no poder más mi cerebro, no debes saber jamás de ésto.

Y aunque sé que sientes lo mismo, a decírnoslo no tenemos ningún derecho. 

Sigamos haciéndonos los tontos en silencio. Como siempre ha sido, como buenos amigos.

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